sábado, 24 de octubre de 2015











Así que levántate y comprende que no somos el animal que tropezamos dos veces 
con la misma piedra, somos el animal que nos enamoramos de esa piedra. Y por eso todo.

Loreto Sesma
(Naufragio en la 338) 






iNSTRUCCiONES PARA SALiR DEL ACCiDENTE 


Lo primero es darse cuenta 
de que lo es: Un accidente 

Puede costar recobrar la lucidez 
y no verlo, al accidente. Porque es fácil 
confundirlo con un sueño maravilloso en 
plan qué suerte he tenido de encontrarme 
con este plan y esto es para toda la vida y tal 

Pero es importante verlo, al accidente 

Y razonarlo. Y palparlo. Y darse 
cuenta de que lo es: Un 
malnacido accidente 

Y ojo, no uno cualquiera. Este es 
uno de esos choques malparidos de los que 
se aprende a manos llenas si sobrevives y de los que 
sales siendo la misma persona pero... distinta, muy 
distinta. Sí, uno de esos terremotos traidores que 
por poco te dejan con el reloj parado de por vida 
y con el latido estéril de por muerte, pero que 
no, que de esta salgo yo y que esta la cuento 

En un poema 

Como este 

Porque lo es, porque duele 
atravesarlo a pecho descubierto 
y duele sentir el hueco 
y la costilla partida 

Aunque solo sea eso. Un accidente 

Un malhallado accidente que ya falleció 



Lo segundo es llamar a la grúa 

A voz en grito o a lágrima en llama 
si hace falta, pero llamarla. Hasta que venga 

Ella aparecerá refunfuñando llena de perezas, pero 
llegará la comprensión y ahí hay que arremangarse  
y ponerse a la faena y levantar la piedra y 
rescatar con mimo el corazón planchado 

Y a continuación darle aire, y que 
respire, y que se hinche sin miedo. Y 
decirle eso, que fue un accidente, que ahora 
todo es vértigo pero que ya pasó, el puto 
jodido accidente 

Y sí, y darle aire otra vez. Y con cuidado meterlo de 
nuevo adentro y esto es crucial, que no se me olvide: antes de cerrar 
la costilla debo asegurarme de meter el corazón y no la piedra. No. La piedra 
no. La piedra que se quede ahí donde está. Y el corazón que se quede aquí. Aquí, conmigo



Y lo tercero... 

Lo tercero es decirle adiós 
a la piedra que se tropezó 
con mi camino 

Y levantarme, y poco a poco 
sencillamente, volver 
a andar 



Ximo Segarra 








3 comentarios:

Montserrat Llagostera Vilaró dijo...

Si Ximo y seguir siempre "palante" y con más experiencia para no tropezar otra vez en la misma piedra.
Una abraçada, Montserrat

M. Roser dijo...

Millor no pensar en accidents, ni que sigui en somnis...
A partir d'ara no pensaré que he ensopegat amb la pedra, sinó que la pedra ha ensopegat amb mi i la posaré vora el camí perquè ningú la trepitgi...
Bon vespre, Ximo.

Tesa Medina dijo...

Sí, Ximo, porque de estas piedras que se tropiezan con uno hay un montón, para que nos vamos a engañar...

... y corazón sólo tenemos uno y según cuentan por ahí nos lo dan con los latidos contados, así que no está tampoco tan mal pararlo cuando está herido y así no gastamos latidos en balde.

Ahora ya con el corazón latiendo de nuevo en su lugar, hay que echarse a andar, sin mirar atrás, y con la mochila llena de esperanza, porque dicen que es lo último que se pierde.

Lo mejor de la malas rachas, es que también se acaban.

Un abrazo, artista.