miércoles, 15 de noviembre de 2017




"Y no es más sagrado un templo que la intimidad de nuestro dormitorio, 
la calle por la que diariamente transitamos o un valle sesteando al Sol, 
siempre que se comprenda que todos esos espacios son símbolos 
del único Espacio en el que todo acontece: la Vida." 

Mónica Cavallé











El caminante es casi una hoja que cae en el otoño de su ciudad. 
Es casi un árbol. Hasta podría ser un poco ese alguien que corre 
esta tarde por el parque. O el tobogán vacío. O la acera que 
sostiene sus pies. Podría serlo todo bajo el primer frío que trae 
ese cielo tan azul, podría volar junto al tímido sol que asoma... 
Y podría ser también los zapatos vacíos que esperan ante la 
puerta abierta de esa autocaravana, ahí está aparcada,
 así como sin querer, así como despistada. 

Pero nunca podría ser ninguna de esas 
banderas que el viento mueve a un lado y a otro de 
su soberana rigidez. Les escupiría. Su corazón insumiso ha 
intentado dialogar con ellas una y mil veces, pero escupiría contra 
todas y cada una, contra todas las balas de goma que se disparan 
desde sus faldas. Contra todas las porras, mástiles de esas banderas 
bobas que, todavía hoy, no conocen el significado de la palabra 
autocrítica, contra todas ellas huracanes de desprecio. 

Y el caminante camina y sus ojos truenan, ya llegando 
a casa, ya mirando esa calle repleta de señales que salpican 
dirección prohibida. Se cansó hace tiempo de hablar con ellas, 
de hacerles ver, de intentar explicar, de hacer comprender que 
nada justifica la violencia... Ya solo habla, bajando de la acera, 
con la valentía, porque quiere seguir aprendiendo de ella y sentir 
sin vergüenza el abrazo cálido de su paz. Dejar atrás ya sin piedad 
a quien hace daño y nunca pide perdón de corazón, a quien 
no sabe convivir, porque solo sabe imponer. 

Es su alma quien le llora y le da la mano en cada 
franja blanca del paso de cebra, y se le arremolina en 
los pulmones con ese ápice de alegría que todavía le queda. 

El caminante es casi el río de la vida y de la muerte, pero 
al abrir la compuerta del hogar recuerda que él solo 
es un pez navegando a contracorriente. Y sube, 
ya sin frío, ya sin viento, las escaleras. 




Ximo Segarra 









Roger Español: "Quiero ser el último herido por bala de goma 
en el Estado español." Más detalles de la rueda de prensa que 
dio ayer, mes y medio después de perder la visión de un ojo 
en la brutal represión policial del 1 de octubre, AQUí