dissabte, 18 de novembre de 2017




Soy la inocencia de la luna 

Lágrima viva del dolor escondido 
Cemento latiendo en la mirada muro 


No soy manada, ni heredero 
de conquistadores. Soy hombre de 
verdad. Mujer de verdad. Persona 
de verdad. No soy de mentira. No 
soy la nada con disfraz de 
pesadilla. Soy todas y cada una 
de mis utopías. Soy yo. Estos 
pedazos rotos tirados en la 
acera. El sueño que 
no sabe cómo levantarse 
La mano que tiembla antes 
de pedir ayuda. La voz que 
se queda sin voz. Esa soy yo 
La inocencia de todos 
y cada uno de 
mis pálpitos 

Soy mujer, soy un ser 
humano. Soy mi risa. Soy 
mis labios, soy el abrazo que 
me acuna. Soy una más, y ni una 
menos. Soy la diosa de mis adentros, la madre 
que me alumbra. Soy la vida sin más. Y sin menos 

La dignidad enterrada, soy el silencio que 
me escarba, que me encuentra, que me rescata. Soy 
todo este tiempo que me cura. El amor de una 
nube que pasa, la paz de mis pulmones 







Abro mi puerta y entra la niña que riega 
las flores, soy la cría que crece descalza 
y que baila y que baila y que baila... 
Soy toda mí y todo el mundo que 
sabe vivir. Soy todo el mundo que 
respeta lo que soy. Soy la 
dignidad incorrupta de 
todas y cada una 
de mis lunas 
rotas. Soy 
la inocencia 
que no me quitaron 

Soy la inocencia que me quitaron 
y que ahora arrebato de sus garras 
Me la devuelvo toda, porque la quiero 
porque la necesito porque la merezco 
porque nací con ella, porque la sabiduría soy 
yo, y no ese hatajo de ciegos cobardes. No soy la 
pesadilla, ese horror es suyo, de sus fabricantes, solo 
suyo. Todo suyo. Dueños de su estúpida baba, objetos 
presos en el triste agujero negro de su alucinación. Orgasmos 
que caducan y naufragan en el círculo de su ignorancia. 


Yo soy el sueño que se regenera, que 
vuelve a su hogar, que sonríe, que 
revive sin vergüenza lo mejor 
de mí misma. Porque 
la vergüenza es suya, suya 
es la brutalidad, suya la memez 
vacía, suya la infeliz creencia de que 
pueden hacer suyo todo aquello que sus 
zarpas puedan atrapar. Yo soy mía. No 
soy suya. Nunca lo seré. Nunca lo fui. 

Soy mía, soy libre y soy la 
soberana de todos y cada 
uno de mis anhelos. No soy 
ninguno de ellos: proyectos 
inacabados de hombre, ni la mugre 
de su necedad, ni tampoco su ridícula 
impotencia para amar. No pertenezco 
a esa subespecie en vías de extinción, 
ni voy a limpiar con mi cuerpo el 
vertedero de sus putrefactos 
pensamientos. Yo soy 
humana con todas 
las de la ley, soy 
humana en 
cuerpo, en alma, en 
vuelo, en calma... 


Aquí en lo más hondo lo sé. Aquí, donde 
solo la magia descarada de la bondad 
puede tocarme. Aquí todo me dice 
que yo soy la fuerte, la auténtica, las 
montañas de lluvia y de sol. Aquí yo 
soy mi arco iris. Soy la inocencia 
de todos y cada uno de mis 
despertares. Soy yo 
levantándome. Soy yo 
la belleza, aunque ahora 
me cueste verla. Soy yo. Siempre 

Soy esta poesía. Porque yo soy 
el manantial eterno de todos 
y cada uno de mis versos 




Ximo Segarra