diumenge, 29 d’octubre de 2017







Jaume se sienta al sol en el balcón de su casa y durante un rato 
los mira pasar, llevan sus banderas, defienden lo suyo en calma y a 
veces gritan y a veces hablan y también a veces caminan en silencio. 

Cierra los ojos, bendito sol, bendito descanso... A su lado una botella 
de agua y un porrito de marihuana recién hecho. Beberá. No fumará. 
Hace años que dejó de fumar pero sigue cultivando con mimo a 
María y liándose algún que otro porro de vez en cuando. 

No sonríe, pero está tranquilo, se recuesta bajo el sol y 
siente su cansancio. Semanas frenéticas, muchos días 
clandestinos escondiendo urnas para el 1 de octubre, 
aquel golpe de porra en la rodilla que ya no le duele, 
las manifestaciones, las noches sin dormir, las asambleas 
interminables, las estrategias, el móvil siempre echando humo... 

La calle sigue paseando banderas españolas, algunas cosidas a 
la señera. Un niño grita "¡Mamá! ¡Estamos en España! ¿Verdad que sí?"

Sonríe. Coge el porro sin abrir los ojos y lo desmenuza lentamente, con 
la misma firmeza de siempre, y deja que el viento se lo lleve... Bendito 
sol, bendito niño... Por fin sale a la calle de Barcelona sin vergüenza 
el nacionalismo español en masa, con sus argumentos, sus banderas, 
sus gritos, antes no lo hacían, solo los fachas el día de la 
Hispanidad, o el día del alzamiento, o el 20-N, ahora 
salen abuelos, madres, padres, familias, 
grupitos de amigos, nietas y nietos... 

Y salen así, a pecho descubierto. 
No hay un puto tanque que los custodie, 
ni fuerzas armadas en este desfile de colores... 
"Como nosotras, Jaume, como nosotras". Rebeca se 
apoya en la barandilla y también sonríe. "Lo están 
haciendo como tú y como yo, no se esconden, 
se están cansando de mirar 
asustadas la tele". 


Jaume y Rebeca entrarán 
hoy sin prisa en la cocina y harán 
juntos la comida. Es domingo, hace sol. 
Y el enemigo parece que está aprendiendo a luchar en paz. 




Ximo Segarra