martes, 10 de octubre de 2017








Con la excusa del pulso entre dos nacionalismos tenemos 
la oportunidad, si nos da la gana, de reactivar el 
pulso maltrecho de nuestra democracia

Y, si no nos da la gana, la dejaremos ahí 
donde está desde hace tiempo y resolveremos 
esta oportunidad a golpes, a gritos, a insultos y 
a ver quién tiene la brutalidad más gorda. 

Pero no, espero que la salida sea la de tomarle 
el pulso a nuestra democracia y cuidarla y darle 
salud y buenos alimentos. Y después del discurso 
de Puigdemont hoy en el Parlament (en resumen ha 
dicho que Cataluña se ha ganado el derecho a convertirse 
en un Estado independiente en forma de República, pero apuesta 
por suspender temporalmente la declaración de independencia para 
abrir un espacio de  diálogo con el gobierno español y negociar 
un acuerdo) esa salida es posible, y en mi opinión esa 
salida debe tomar la forma de un referéndum 
pactado. Pero, lo sé, para eso hace falta 
que el independentismo catalán no se 
esconda en su rincón más cabezón  
que el Estado español no se 
encierre en la represión 
como hasta ahora y 
tienda por fin 
la mano para 
resolver 
el 
conflicto. 

Un referéndum 
pactado es la vía más 
saludable para nuestra 
democracia, lo demás es poner 
los sentimientos patrios propios 
como excusa para amenazar, insultar 
y tratar de aplastar la dignidad y el derecho 
a existir de los sentimientos patrios ajenos.  


Creo que es la hora de darle esa alegría a nuestra 
democracia, soy consciente de que la celebración de 
ese referéndum (si finalmente se consigue hacer) no será 
suficiente para que se levante eufórica de su larga convalecencia 
y se ponga a bailar reguetón (¡por favor, eso nunca! :D), pero 
sí le dará oxígeno para afrontar nuevas audacias. Sé que la 
audacia de independizarnos de la Grande Banca y de las 
Grandes Cacas que nos explotan sin piedad cada 
día es una audacia que todavía queda lejana. 

Pero de pequeñas audacias se componen 
los grandes sueños que no temen 
hacerse realidad. Y en 
nuestras manos 
está hacer 
de la 
vida sueño 
fértil o hacer 
de la vida ruido 
y griterío estéril. 

Y quien quiera arrancarnos 
de las manos el sueño despierto de 
la democracia, que se encuentre con 
gente como aquellas personas que se 
apoyaban unas a otras para proteger 
las urnas el 1 de octubre. Esa es 
nuestra vía, la pacífica. La otra, 
la violenta, hay que echarla 
fuera sin piedad. 

Cuanto antes mejor.