dimarts, 15 de setembre de 2020






 




—Cactus, eres simpático, eres guapo y tienes chispa. Si no dijeras esas cosas 
que dices… ¡podrías triunfar en el mundo del espectáculo y del humor! 

—¿Sí? ¡Podría ir a Operación Triunfo, yo?

—¡Eso no es un programa de humor, Cactus!

—Ah, pues yo pensaba que sí, Ximo.

—Pues no, ¿pero qué te parece, ser un triunfador?

—Si fuera un triunfador… ¿podría meterme con los bancos?

—No.

—¿Y con la Secta Iglesia Cactólica?

—No.

—¿Y con el rey de los furcios?

—No.

—¿Y con la borrega normalidad?

—Tampoco.

—Pues no quiero, Ximo, ser un triunfador, yo.

—Pero podríamos forrarnos, Cactus.

—¿De cuálo?

—De dinero, y de lujos, y de estatus superior.

—Pero eso es una deposición.

—¿Una deposición?

—Sí, Ximo, trato de hablar fino, a ver si así nos forramos un poquito.

—Entonces, ¿estás dispuesto a ser políticamente correcto?

—Sí.

—Muy bien, veo que por fin estás sentando la cabeza, Cactus.

—Sí, por fin me está apestando la cabeza a mierda finamente maloliente, Ximo.

—Eres incorregible…

—Soy diferente, especial, singular, como tú, como ella, como él, como cada cual, Ximo.

—Jo, has vuelto de las vacas y de las ciones muy despierto…

—Sí, del desierto he vuelto despierto, yo, sí.

—Ay… El desierto… En él vivimos y en él morimos, Cactus.

—¿Por qué, Ximo?

—Porque es así.

—¿Es así porque lo digas tú?

—¿Tú que dices respecto a eso, Cactus?

—Yo digo Tururú.

—Bien dicho, Cactus.

—¿Seguimos hablando otro día, Ximo?

—Vale, Cactus.

—¿Me dejas que me despida del vello púbico?

—No.

—Vale.

—Hasta luego, Cactus. Hasta luego, querido y bello público.

—¡Hasta luego, Ximo! ¡Hasta luego, querido vello púbico! 
¡Besitos húmedos y calientes para todo cristoooooooo

—Ay ay ay…

—Ya ya ya…