dijous, 17 d’octubre de 2019













Él  votó que no en el referéndum del 1 de octubre, ella votó que sí. 
Y nadie les va a romper la paz infinita que sienten cuando caminan juntas 
entre banderas esteladas, lazos amarillos y miles de personas que son, también, 
gent de pau. Se retirarán pronto, la ancianidad es lo que tiene, que caminar 
se puede, pero llega un momento que la cama es lo que más apetece. 
Y el sexo, que a esta pareja eso le apetece todas las noches.

Se desvisten en silencio, en la penumbra cómplice, no muy lejos se oyen 
sirenas y gritos y arrastrar de vallas y contenedores. La violencia sofisticada y 
presuntamente legal del Tribunal Supremo contra los presos políticos, la violencia 
airada, estéril y estéticamente estúpida de algunos manifestantes que lanzan cócteles 
molotov en calles cercanas, las pelotas de goma, los atropellos sádicos de alguna furgoneta 
antidisturbios, las cargas brutales de la Policía Nacional y de la Guardia Civil hace ahora 
dos años contra votantes desarmados… Todo eso no está en el país soñado por estas dos personas 
que ahora se exploran con calmada excitación. Son sabias queriéndose, llevándose a las puertas 
del orgasmo, retirándose un poco para deleitarse en la húmeda lengua que asoma entre los 
labios abiertos, acogiendo con la piel entregada el inocente palpitar que al momento siguiente 
lo pide todo y se deja penetrar de nuevo, y envolverse otra vez. Y nadie diría que a esta 
edad dos personas puedan hacer brotar ríos así, chapotear así, como dos adolescentes que 
se encuentran por primera vez con su propio orgasmo y se olvidan de cómo era 
su cara que ahora se desencaja, se descoloca y al final, muy lentamente, 
se relaja y se reúne con la noche amorosa de Barcelona.

Fuera arde un árbol y algún que otro coche, y los voceros de la violencia 
tratarán de contagiar a los amantes. Será inútil, él y ella mañana volverán a 
salir y defenderán, con sus pasos, la existencia de un país hermoso y valiente 
que bien podría llamarse Catalunya. Porque él, ahora, ya votaría sí en el 
referéndum, porque él, con ella, mañana buscará la manera de replantar un 
árbol en alguna montaña, en algún valle, donde sea, pero lo harán. 
Sin esperar a que una Autoridad que todavía anda soñando los 
monstruos de la sinrazón despierte. Él y ella ya saben soñar 
como sueña la buena gente, aprendieron paso a paso 
a regar y cuidar aquello que aman.



-Ximo Segarra – 
(Cuentos de cuando el sexo pudo razonar -2)