dilluns, 30 de desembre de 2019












Versión nueva de un egocentrismo que publiqué hace ya años. Por cierto, 
hablando de años: Feliz año viejo (que al 2019 todavía le quedan unos 
cuantos miles de segundos) y Feliz entrada en ese año que dice Vente vente, 
vente pa’mi vera vente (o pa’donde va Vicente, que es donde la gente suele ir) 
(pobre Vicente, ahí tanta multitud siguiéndole) (qué estrés) (menos mal 
que no toda la gente va donde va Vicente).

And a Hippy New Year! (yes, hippy) And peace and love and smiles 
and knowledge and justice and freedom and courage and 
beautiful care for you and me and for Mother Earth. Yes yes yes :-)

I ara ho diré amb la meua llengua materna (i paterna): Bon dia i bona nit. 
I bon any. I salut, llibertat i referèndums. Tot en abundància per a les 
persones boniques, fortes i valentes. I a les persones que no som ni 
molt boniques, ni molt fortes ni molt valentes: força i pau 
per a continuar aprenent.

















dissabte, 28 de desembre de 2019













En un lugar de la nalga, de cuyo nombre no quiero acordarme, 
no ha mucho tiempo que vivía, posada y reposada, una mirada de 
las de gozo vestido y deleite desnudo. Era más un mirar de sabores que 
un mirar de contemplaciones, pues la nalga era la mar de carnosa, y además 
no era una sola, eran dos. Y las dos flotaban y flotan en el plato de las 
sábanas blancas, sábanas que cabalgan felices y onduladas y a veces tiesas 
por el paisaje de las piernas, la cintura, los pies, el cuello y el pelo dormido 
que acuna en silencio los sueños de una cabeza que piensa.

Y es verdad que esa cabeza piensa, como tantas otras humanas cabezas, 
con el culo o con el bostezo o con la pereza hecha móvil, pero piensa y eso 
a la mirada que se acerca le calma los nervios —los ópticos y los sinápticos— 
y le reconcilia con los lugares todos de su vida perdida. Son así los fantasmas 
como este, Miguel se desprende de sus laureles literarios y también de 
sus Cervantes y de sus Saavedras, y se excita inmaterial y espiritualmente 
ante ese lugar de la nalga del que ahora empieza a acordarse. Y con la inocencia 
inflamada, ya casi a punto de darle un beso al culo, recuerda con claridad 
el nombre al tiempo que recibe, con generosa hediondez, el aroma añejo 
del pedo más ancho y largo que escritor ninguno haya jamás imaginado. 

El pulcro bigote y la barba picuda se arrugan y se amotinan en la 
peor batalla naval de la fragancia universal, pero afortunadamente él 
es un espíritu, y por eso el tufo espectacular no le arrasa la existencia. 
Y no huirá con el rabo entre las piernas, se retirará digna y elegantemente 
del lugar de los hechos y confesará, sin vergüenza, que el lugar más 
inolvidable de su vida fue aquella curva increíble que él nunca 
pudo tocar, aquel milagro hecho carne que él un día 
se atrevió a bautizar como Dulcinea.




-Ximo Segarra- 

(Cuentos de cuando el sexo pudo razonar, 7)














dijous, 26 de desembre de 2019

diumenge, 22 de desembre de 2019
















Ella se marchó de su lado, liberada por fin de un bucle de esos que 
no dejan sentir, ni tampoco imaginar aunque sea un borroso horizonte alegre. 
Ella me contó que se había enamorado de alguien hermoso a quien el tiempo le huía 
insatisfecho, alguien de fresca y elegante belleza y poseedor de elaboradas miradas, 
miradas pasmadas que simulaban inocentes orgías existenciales.

Él se ensimismaba incluso con las amantes más bellas y entregadas, se dejaba hacer 
y alguna que otra vez hasta ensayaba con ellas uno o dos postureos excitantes, que 
había aprendido con desgana y que siempre tenían el efecto de estimular más entrega 
ajena y más placer propio. Si alguna le reclamaba más pasión, más iniciativa y más 
amor, era experto en hacerse el ofendido, y soltaba aquello de que el amor 
no es una transacción comercial, no hay que medir lo que se da ni 
lo que se recibe. Lo importante es la ilusión, decía.

Jugueteaba sin implicarse, para olvidar quizá durante un instante 
que la belleza se le pudría en el vacío de su egocéntrico infinito. 
Una de sus ocupaciones favoritas era especular con las esperanzas 
de las demás, y luego vestirse y alejarse para disfrutar de exquisiteces 
literarias, filosóficas y musicales que le hacían sentir especial y afortunado. 
En sus noches más extremas desvestía su crueldad con sutil y calculada 
indiferencia. Esa es, decía él, la forma más elaborada de ser bello: 
a la manera poderosa de los dioses. 

Y no diremos su nombre, porque podríamos decir muchos nombres, 
y él podría ser una mujer, o podría ser mucho más que un hombre o 
una mujer: una alta clase social, o un altar religioso o, quién sabe, 
una ignorancia disfrazada de palabras rimbombantes. 

Ella, sonriendo todavía con cierta tristeza, terminó así su breve relato: 
O quizá él es un lindo ser que pisa fuerte para que nadie le pise a él, y así, 
pisotón a pisotón, va camino de convertirse en un boleto de lotería arrugado 
y feo, mentiroso y frío. Una combinación del azar que algún día 
alguien tendrá la suerte, o la desgracia, de ganar.




Ximo Segarra 

(Cuentos de cuando el sexo pudo razonar, 6)












dijous, 19 de desembre de 2019

















Tanta bellesa tancada en tants i tants electrodomèstics... Ai ai ai... 

Els electrosalvatges m'agraden molt més, són més bonics i... 
clar que sí, són més intel·ligents...














diumenge, 15 de desembre de 2019












Quitando alguna excepción, en los últimos meses solo he publicado 
viñetas y dibujos que ya tenía hechos tiempo atrás. Desde verano he 
dibujado poquísimo, el dibujo de este post es de hace dos años, no es 
un dibujo del natural, a mí me va más el dibujo de la imaginación, pero 
es un dibujo que resume (como todos los que surgen sin saber muy bien 
de dónde), vivencias, recuerdos, anhelos y, sobre todo, lugares. Y es 
que los dibujos, creo yo, hablan de lugares. Y son lugares, también.

Es en eso en lo que estoy desde el último verano: no dibujando, pero 
sí escribiendo lugares. Una novela es, ante todo, un lugar, tanto cuando 
la lees como cuando la escribes, allí hay personajes que están tan vivos 
que al final son ellos quienes acaban escribiendo, o leyendo, el libro. 
Y aunque no es la primera vez que escribo una cosa de esas, sí es 
la primera vez que tengo la sensación de haber entrado en una 
sorpresa cotidiana, divertida y fluida, y también agotadora y 
ardua. Y muy absorbente. Mucho. Es tan absorbente que la 
voy a titular “Crónica de una bayeta anunciada”. Sí sí sí. 
En fin, bromas aparte (que ya sabéis que soy persona 
seria y previsible) (excepto cuando no lo soy), 
lo cierto es que ya es cuestión de días terminarla, 
y que a partir de ahí vendrá eso otro que es encontrar 
editorial que tenga a bien editarla. No sé si lo conseguiré, 
pero no me voy a detener ante las negativas, si no 
me la quiere editar nadie haré todo lo que 
esté en mis manos (y en mis pies) para 
conseguir que pueda leerse más allá 
de mi círculo más cercano (ahí es 
donde se han quedado las otras 
cosas largas que he escrito).

Lo de anunciar que está editada será pues, 
como mínimo, cuestión de meses. Mientras tanto 
habrá que seguir imaginando lugares vivibles. 
Escritos. Dibujados. Y, claro que sí, 
respirados, porque la contaminación 
ambiental está ahí para deshacerla cada día. 
No para tragarla sin más.











dimarts, 10 de desembre de 2019
















La mare de totes les violències és la ignorància.
Egocèntrica i retrògrada ignorància.














divendres, 6 de desembre de 2019




























Dos viñetas recientes para el escaparate de la peluquería RosTres.
















diumenge, 1 de desembre de 2019
















Corre porque sabe que la represión no tarda en venir cuando salimos a la calle a decir que ya vale, 
sueltan a los perros de la porra cuando salimos con nuestros sueños para decir que son nuestros, 
y que los vamos a defender por eso mismo, porque son nuestros, no de una minoría sola. Corre 
después de pintar en el cielo un arco iris en blanco y negro, porque es pobre y los colores se los 
robaron en el último desahucio, y cuando llega a la barca donde duerme suelta amarras y 
se mete bien adentro del mar, y lo acaricia con los remos porque él o ella —no sabemos ni nos 
importa saber cuál es su sexo— se ha colado dentro del pijama del océano, y le da masajes 
gratis al cuerpo húmedo que se arquea gimiendo. 

Gime, el agua del mundo, para darle la bienvenida a este horizonte de placer y, todo hay que decirlo, 
porque le duele el mundo. A ella, al agua, le entran los desiertos con cada humano derecho que 
se arrodilla cuando se lo ordenan. La barca es frágil, lo sabes tú y lo sé yo, y lo de darle 
masajes gratis al agua del mundo no está bien visto y suele estar perseguido por los 
sacerdotes de la iglesia, de la banca y del estado violento. 

Pero la barca insumisa no naufraga ni aun con el orgasmo más desbordante de todos los océanos 
juntos, no hay frigidez que reprima la fusión de la piel entregada al universo amante. Eso lo sabe 
la bruja o el brujo que se ríe en su barquita de las prohibiciones que dictan las leyes inhumanas. 
Aunque lleven persiguiendo, encarcelando y linchando en la plaza pública a gente como él o ella, 
ahí está: desnuda sus ganas de vivir para que pese menos el lastre de las mentiras, esas cadenas. 

Sigue aquí, esta barquita en calma que hoy le hizo el amor al agua del mundo. No sé si lo escuchas, 
pero del fondo marino surge el ritmo alegre de un tambor multicolor que dice 
Seguimos aquí, Somos los hijos de la madre tierra, 
Somos las hijas del padre océano, 
Y nuestro tambor de paz no va a callar, 
Nunca.







-Ximo Segarra- 


(Cuentos de cuando el sexo pudo razonar, 5)