domingo, 1 de julio de 2018




Salir por babas - 72 










Caos los hay de muchos tipos, de muchos colores y también los hay de muchos blancos y 
de muchos negros. Y es fácil defenestrar el caos ajeno desde la torre de marfil de nuestro 
propio caos, porque cada cual vive en su propio entramado de creencias, de reacciones, de 
emociones, y podemos llegar a creer que nuestra manera de ver el mundo, y nuestra manera 
de estar en el universo es la más lógica, la más cabal, la más organizada. Hay caos, eso sí, 
tóxicos, insalubres, yonquis, caos que parecen haber dejado entrar en su seno lo peor de la 
sociedad en la que viven, caos que parecen haberse creído el cuento de que lo más auténtico 
que pueden hacer es convertirse en vertederos, en mártires; sí, hay caos que no atienden 
a nuestras buenas palabras, a nuestra comprensión, y nos producen repulsa, pero... 
siempre he visto en esos caos reflejos (a veces muy nítidos) de lo convencional, de lo 
aceptado como normal. Lo confieso, siempre me he sentido atraído por esos caos, 
los de la locura, los de la adicción desmesurada, los caos que se niegan una 
otra vez a dejarse conducir hacia la aparente bondad del redil. Me he sentido 
atraído y sé lo que es estar ahí, y no durante un ratito o una noche o dos. Sé lo que es 
exiliarme durante años de la sociedad en la que vivo porque, sencillamente, la sociedad 
en la que vivo me daba asco. O peor, yo sentía asco de mí mismo. Llegó un día que decidí 
regresar, no al redil, no a las mentiras, no a aceptar sin rechistar, no a transformarme 
en lo que nunca querré ser; decidí regresar a mí, a lo que, en realidad, casi nunca 
había sido y que siempre había querido ser. De ahí este torrente de dibujos, de viñetas, 
que muchas habéis ido viendo estos años. Porque este es mi caos, el dibujo, el escribir, 
y sí, quizá el caos más tonto, el más inútil, el más estúpido de todos los caos sea el humor, 
la risa, o los innumerables matices que caben en una sonrisa. Desde aquí, desde quizá 
mi torre de marfil, puedo comprender los caos de la gente a la que amo, aunque no 
los comparta, porque su libertad es para mí sagrada. Mientras tanto sigo con lo mío, 
más solo o más acompañado, porque yo nunca más me voy a abandonar, nunca más 
voy a querer huir de mí, nunca más voy a traicionarme, ni torturarme, ni creer 
en el cruel y vacío sacrificio humano de cada día, por más que lo bendigan 
en los altos altares del cielo (o en los bajos bajares del infierno). Es 
mi caos, o es mi corazón, que quiere seguir sintiendo, caminando 
aprendiendo y que no, no va a claudicar... ;-)