jueves, 5 de noviembre de 2015









Y así por los senderos, invisible, 
y así, con mi silencio, voy cantando, 
y existo, aunque no exista, en quien me niega 
porque yo soy el ser nunca acabado 

Gabriel Celaya 







En la cuneta de la autovía que lleva en volandas al 
Gran Centro Comercial hay una senda medio desdibujada 
y casi escondida por los hierbajos. Ella lleva, casi sin querer 
medio perdida entre sus curvas, al Pequeño Bosque 24 Horas, un lugar 
de esos que no salen en el Gran Mapa de la Pesadilla Cotidiana 

Entramos pues, si quieres acompañarme 

No verás acercarse por aquí al enteradillo de turno, ni a la moda 
juvenil, ni tampoco al moribundo desencanto de la madurez, ni siquiera 
la sabihonda ceguera que presume a todas horas de estar a la 
última se atreve a venir nunca a este lugar 

Porque aquí ya solo vienen los últimos suspiros 
de tu amanecer. O la mirada que no se arrepiente de lavarse 
los sueños bajo el grifo romántico de aquella verdad que no murió... 

No, aquí no encontrarás más ropa ni más complemento que un respirar 
plácido nacido de los mil terremotos que aprendiste a vivir y contar. Y tampoco 
has de preocuparte por las llaves, aquí las puertas se abren con la presencia de 
la bondad y con un empujoncito de la valentía, y no importa lo fuerte que retumbe tu 
corazón, los marcos son elásticos para que quepa a su gusto el latir más atrevido... 
Sí, por estas puertas pasa con holgura tu pensar y tu sentir, tu sentir y tu pensar 

Porque aquí, cuando todos los billetes del mundo te abandonan, puedes 
sonreír y sin pedirle permiso a nadie entrar en un 
Todo a Cien Abrazos 

Y si no encuentras la tienda o la 
oferta, siempre tienes la opción de construirla 
tú, con tu anhelo, tu canto, tus brazos y tu fuerza. Construirla 
tú, aquí, en este lugar que no existe (dicen las tertulias bien pagadas) y que 
solo aparece (aseguran las propagandas bien cobradas) en el apartado delirio de la 
locura. Sí, aquí, en este lugar que sí existe porque sí supo sobrevivir al huracán 
que levanta la loca compraventa de prisa, la loca pisoteadora de 
vida que corre encadenada hacia el Gran Centro Comercial 


Pero no lo olvides, en la autovía hay una senda. Y la reconocerás 
enseguida. Porque es tuya y nunca nadie te la podrá tapiar, por más cemento 
y más ladrillos y más publicidad que te echen encima, nunca nadie 
te la podrá ocultar. Si tú no quieres dejar de verla

Si tú no quieres dejar de verla 
nunca nadie te impedirá encontrarte con 
él, con ese humilde hierbajo en la cuneta de la autovía 

Ese humilde y precioso hierbajo que eres tú 

Ese que no se rinde 

Ese que aprovecha cada 
nuevo rayo de sol para volar 
por la Autopista Más Antigua Del 
Universo, y seguir soñando despierto 






Ximo Segarra 



















2 comentarios:

María PAZ dijo...

Allí te encuentro y te abrazo, Ximo. ¡Muy bello! Gracias por tanta belleza.

Fer

M. Roser dijo...

Que bonic, un Tot a Cent on només hi trobem bondat , abraçades... Cadascú es pot fer el seu, només cal obrir el cor als altres...I convidar-los a entrar!!!
Petonets, Ximo