martes, 13 de marzo de 2018





Salir por babas - 30 










Empatía, no solo con las familiares del niño asesinado (que es lo que 
ahora conmueve a tanta gente, a mí incluido) sino también con la niña 
o el niño que todas llevamos dentro, empatía con lo mejor de ti, con lo 
que nos hace crecer, y aprender, con lo que nos da miedo pero no nos 
detiene, porque no queremos irnos de este mundo sin dejarle algo 
hermoso, algo útil, algo alegre, algo que acaricie valiente 
ese no sé qué intangible que vale la pena vivir. 

Empatía con tus propias lágrimas cuando te 
viste solo, o sola, enmedio de la indiferencia general, 
o cuando te desnudaste en el centro de un iceberg, porque 
no había ropa que pudiera acabar con tu frío... Empatía con el 
padre que ha perdido a su hijo, o con todas las madres del mundo 
que ya no pueden abrazar el fruto que alumbró su vientre. Empatía 
con el dolor de otro ser vivo. Sí, de cualquier ser vivo, pero nunca con 
el laberinto del asesino, o de la asesina, ni con la rabia absurda que 
no sabe ni quiere detenerse a tiempo. El dolor, el tuyo o el mío, 
no desaparece en el barranco de la venganza: devolver 
estupidez por estupidez es un espejismo de calma. 
Tu dolor y el mío es un alma en pena que vaga 
por el desierto en busca de un oasis 
de verdad, para diluirse en 
la vida plena, en la 
vida amable, en 
la vida vida. 

Plantemos palmeras, dibujemos oasis, 
replantemos bondad en nuestras vidas, aunque 
nos sintamos más solas que la una. Démonos de 
beber, para que nuestros demonios se ahogen en 
su propia mala baba. Y a quien no sabe respetar la 
vida ajena: a la cárcel, sin dudarlo, para que no vuelva 
a hacer daño, para que aprenda (si es capaz algún día) 
a convivir, a transformar su ira y su odio en algo que 
merezca ser compartido con sus semejantes. Y en ese barco, 
en el de las semejantes, estamos todas, compañeras, todas 
las personas, con nuestras diferencias a veces abismales, o 
nuestras diferencias otras veces amigables. Lo sabemos, 
sabemos que es una aventura incierta conocernos, 
convivirnos, consolarnos, empatizarnos... 
Y no rendirnos en los brazos de la 
pasividad resignada y tan 
reseca... Hay que 
seguir adelante. 

Y para seguir adelante habremos de dar un paso 
y luego otro y otro y otro... Cada cual decidimos 
día tras día si nuestro camino es el odio y la 
ignorancia. O es la inteligencia. Y es el amor.