jueves, 30 de marzo de 2017




GATUNEAND




capítulo 44 














Si un humano se hubiera ilícitamente apropiado del noble título de Gato de Montecristo, 
casi seguro que el muy ladrón se habría escondido en ESTA NOVELA





































"Me asusta una sociedad en la que la libertad de expresión, 
por lamentable que sea, pueda acarrear penas de cárcel." 

Lucía Carrero-Blanco 
(nieta de Luis Carrero Blanco) 




















el FRAiLE MARGARiTO 













(( remake de la preguntita que le hicimos al fraile Margarito hace un par de años :-) ))  










miércoles, 29 de marzo de 2017














Este dibujo lo hice a principios de 2015 después de leer la frase 
que Gaston Bachelard escribió a mediados de siglo XX, 
dentro de su libro "La poética del espacio". 

Reconozco que no me he leído entero el libro, pero sí hay varios 
pasajes que me llamaron en su día la atención, quizá porque invitan 
fecundar nuevas perspectivas... Como muestra, este botón: 


"Todo se dibuja, incluso lo infinito." 


Muy cierto. Mucho. Aunque un par de páginas después añade: 


"El ser no se ve. Tal vez se escuche. 
El ser no se dibuja. No está bordeado por la nada." 


¿Contradicción? ("Todo se dibuja" - "El ser no se dibuja") 
Sí, contradicción, porque teniendo en cuenta que el ser está 
dentro del todo... no podemos afirmar primero que todo 
se dibuja y después decir que el ser no se dibuja. 
El ser está implícito en el todo, por tanto... 
El ser sí se dibuja ¿o no? 

Bueno, la verdad es que este 
tipo de contradicciones me encantan, 
por lo que sugieren y por lo que inspiran
porque, cuando topo con 
contradicciones así, 
mis propias 
contradicciones 
se sienten acompañadas 
y, en definitiva, se sienten 
inspiradas a confrontarse, dialogarse, 
y, finalmente, comprenderse y resolverse. 

Tal vez Bachelard entiende que el todo está 
dentro del ser, y por eso él concibe que todo 
pueda dibujarse, excepto el ser, que es algo así 
como el summum de todos los súmmumes y... pero 
yo no quería ponerme ahora metafísico ni teórico del 
arte (aunque la verdad es que la idea de que el ser no 
pueda dibujarse a sí mismo me pone las neuronas a 
bailar con el infinito y el más allá y con gusto 
me cogería ahora un lápiz para hablar 
con él del tema). 

Pero no, yo quiero hablar de lo de la vivienda, porque 
hoyal volver a leer la frase de Bachelard, he recordado aquel 
edificio en construcción que veía todos los días en mi época de estudiante 
de Bellas Artes en València; me pillaba de camino hacia la facultad y era un 
edificio grande y robusto y también elegante. Y, sobre todo, aquellos grandes 
maceteros y jardineras en lo alto de todo... Yo esas cosas no las había visto nunca, 
viniendo de mi Castelló de urbanismo feote y no muy innovador... Pero, a lo que iba, 
resulta que, al final de todo, cuando el edificio estaba ya a puntito de darse por 
concluido, se percataron de un detalle: nadie había pensado en el peso 
de la tierra que iba dentro de las macetas. Y por ese pequeño 
detalle el edificio podía caerse, o, como mínimo, estaba en 
riesgo de tener serios problemas de equilibrio.

No recuerdo cómo lo solucionaron, o quizá perdí el 
interés por saber cómo terminaba la historia del edificio de las 
grandes azoteas ajardinadas, pero hoy, al reencontrame con el libro 
de Bachelard, he recordado aquello, y he pensado la de veces que, 
por más que repasemos todos los detalles, se nos olvida, o se nos 
traspapela entre los planos que diseñan nuestro vivir, ese 
espacio que necesita el oxígeno para corretear y 
sentirse a gusto. Es tan fácil olvidar detalles 
tan sutiles como el peso de la luz... Sí. 
Cuántas veces olvidamos... 





















































(( este vuelo ya revoloteó por aquí hace dos marzos :-) )) 










domingo, 26 de marzo de 2017

sábado, 25 de marzo de 2017



H A C E R  E L  i N D i O 
( es gritar con la madre tierra ) 



"Curiosamente, tienen cabeza para labrar la tierra, pero el amor por las 
posesiones es una enfermedad para ellos", decía Toro Sentado. "Esta gente 
ha establecido numerosas reglas que los ricos pueden romper y los pobres no. 
Tienen una religión que siguen los pobres, ¡no así los ricos! Incluso colectan 
diezmos entre los pobres para mantener a los ricos y a los gobernantes. 
Reclaman a esta madre nuestra, la Tierra, para su uso privado, y la 
alejan de sus vecinos con vallas, y la desfiguran con sus 
edificios y sus desechos." 

Días de destrucción, días de revuelta, de Chris Hedges y Joe Sacco 
















(( El oleoducto Keystone XL: el rostro pálido sigue cagándola )) 



"La hegemonía blanca, con los privilegiados a la cabeza, ha sido una de las 
constantes a lo largo de la historia de Estados Unidos. Los pobres y la clase 
obrera —así como mujeres, esclavos, criados e indios— quedaron excluidos, 
por deseo de la élite blanca masculina, de las convenciones que redactaron 
la Constitución. La clase alta caucásica consideraba que los europeos pobres 
que viajaban a América, procedentes de hospicios y barrios miserables, eran 
una mercancía; una que servía tanto de carne de cañón para los ejércitos que 
llevaban a cabo el genocidio de los nativos en el Oeste, como de mano de obra 
barata en fábricas y molinos repletos de miseria. Los negros, importados primero 
como esclavos, se convirtieron luego en la subclase de los desposeídos. La historia 
americana, como bien ilustra Howard Zinn en La otra historia de los Estados Unidos
no es más que la larga lucha de los marginados y los pobres por alcanzar la dignidad 
y la libertad. Ha habido momentos, sobre todo en los albores de la Primera Guerra 
Mundial o durante la Gran Depresión, en que los movimientos radicales 
contraatacaron y ampliaron nuestros derechos. Pero el capitalismo 
empresarial se ha dedicado, durante las últimas décadas, a 
revertir estas conquistas sociales." 

Días de destrucción, días de revuelta
de Chris Hedges y Joe Sacco 

















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"La paz no es algo estático 
sino una lucha diaria.

Xajamaïa Domínguez Mazhari 









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"Pescando la nube y arando la luna, 
busco el sabor de lo antiguo."

Eihei Dôgen 





















Lío. 












martes, 21 de marzo de 2017




"Llena con tu sol el vacío de tus noches." 

Alejandra Pizarnik 









YO 

Yo he recorrido a pie el camino gris de la vulgaridad 
y he sentido el cansancio de no ser. 
He pasado sobre aquellos 
que, no teniendo valor para llegar hasta el final, 
se acostaron a dormir su cobardía, 
arropándose con los harapos descoloridos de lo fácil. 
He luchado noches enteras con el sueño y la fatiga, 
que, sabiendo de mi humilde cuna, 
tratan de clavar su garra en mi cerebro. 
He llegado al final de este camino 
y he penetrado en el valle donde, 
escritos en cada puesta de sol, 
están los nombres de los que fueron algo. 
Si al dejar de ser materia y abandonar este valle 
no consigo que mi nombre se escriba junto al suyo, 
al menos me iré con la satisfacción de saber 
quiénes fueron y haberles comprendido. 


Miguel Gila 










"Hay almas a las que uno tiene ganas de asomarse, como a una ventana llena de sol." 

 Federico García Lorca   
                 

             

Muchas gracias, Estrella ( El mundo de Gila ), por descubrirme estos meses las múltiples 
buenas artes de Miguel Gila. Hasta hace poco él era para mí poco más que aquel señor que salía por la tele 
a hablar con el enemigo. Aunque... bien pensado... tener valor para hablar con el enemigo no es poco, y además 
hacerlo dibujando sonrisas y despertando risas a propios y extraños... eso es tener muchísimo arte :-)

Mario Levrero escribió un día este pasaje: «Movió la cabeza, mientras se alejaba, diciendo: "Los más grandes son 
siempre los más humildes". Eso me alegró el corazón». Y eso es verdad cuando te encuentras a Gila en una 
viñeta de humor gráfico, o en un poema, o en un monólogo, o en una película o en cualquier 
otro sorprendente lugar, porque con todo lo bueno que tenía Miguel Gila, 
sin duda lo mejor era su desarmante humildad. 

Pero lo confieso, de Gila siempre me llamó la atención su cara, ese cóctel 
de cómico experto y marciano recién aterrizado en la Tierra... Tal vez Joyce Carol Oates estaba 
pensando en él cuando dijo: «Mantén un luminoso y esperanzado espíritu, pero espera lo peor». Y es que 
Miguel Gila se acostumbró desde muy niño a que la vida le sorprendiera con lo peor, pero nunca se 
acostumbró a vivir ahí, en lo peor, ni aceptó nunca el dogma aquel de que los malos siempre 
ganan, y por eso repartió tanta luz, tanta alegría. Sí, hubiera podido acomodarse en el 
victimismo, en el dejarse arrastrar por las vías del lamento eterno, tan común 
en su época (que es también nuestra época) y tan de moda en la 
intelectualidad elitista de todos los tiempos, pero optó por 
el camino fácil (fácil para él, que era un ser humano 
digno de serlo; difícil para quienes viven 
amarrados al ritmo que marca el 
amo) (o el enemigo) (o el 
charlatán de turno). 
Él optó por el 
camino 
de la 
buena 
educación. 

Sí, de la buena educación, 
porque Miguel Gila era (y es) un 
maestro del humor, y era (y es) un educador 
de los buenos, un educador de esos que no necesitan 
aulas ni exámenes ni evaluaciones, él educaba con su arte. 
«La primera tarea de la educación es agitar la vida, pero dejarla 
libre para que se desarrolle» dijo Maria Montessori, y en eso Miguel 
Gila es un ejemplo a seguir. Un ejemplo de libertad. Y de grandeza. 

Sí, grandeza, porque (y acabo ya con las citas, o me acusarán 
de eructito erudito) como dijo Kalidasa: «Las grandes almas 
son como las nubes: recogen para luego verter». Sí, él fue 
un señor que vivió un fusilamiento (y él estaba en el 
paredón, ante un pelotón de soldados armados 
y borrachos) y luego se pasó media vida 
llamado por teléfono al enemigo. 
Por eso es grande Gila, 
porque le lanzaron 
balas y él 
repartió 
sonrisas. 
Y poesías. 

Porque poesía 
es jugar con las palabras 
que nos lanza el mundo e inventar 
con ellas nuevas palabras que lo hagan 
mejor y más bonito, como hacen los niños cuando 
pintan, como hace la nieta de mi admirada Tesa Medina 
cuando la dejan a su aire, como hacen las personas que no se 
rinden. Como hacen las personas bonitas. Como hizo (y hace) Miguel Gila. 










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