martes, 9 de junio de 2015








VÉRTIGOS O CONTEMPLACIÓN 
DE ALGO QUE TERMINA 

Esta lila se deshoja,
Desde sí misma cae
y oculta su antigua sombra.
He de morir de cosas así. 

Alejandra Pizarnik 
(Extracción de la piedra de la locura)





















Todas las noches ella se asomaba a la ventana y lo miraba. Y todas las noches 
su corazón enamorado palpitaba desbocado al verlo tan firme sobre la cabalgadura. 
Él siempre tan digno y siempre tan solo en la plaza. 

Sí, ella se había enamorado de una estatua. Pero no desistía en su afán de revivirlo 
a fuerza de mirarlo apasionada, y por eso ella lo miraba encandilada, porque su sueño 
era cabalgar con él, y que él la cabalgara... Pero las noches se hacían cada vez más largas, 
y él no resucitaba, y él no se movía, y él no la miraba y él no la buscaba para abrazarla... 
Si ella pudiera entrar en él, agarrar su corazón y besarlo para 
que despertara y volviera a palpitar...
Ay, si ella pudiera...

Si ella pudiera entrar descubriría su secreto. Sabría que él la quería. Y sabría que 
él quería convertirla en estatua. Y sabría que él quería congelarla en la 
ventana. Y enfriar su respirar, y cegarle la mirada. Y sabría 
también que el querer de él triunfaba.

Pero ella, eso, no lo sabía.
Y por eso ella... Ella moría de amor asomada a la ventana. 





- Ximo Segarra




















 la cultura y el individuo 

Muchas de las ideas que nos transfieren 
los transmisores de cultura son eminentemente sensatas 
y realistas. (Si no lo fueran la especie humana ya se habría extinguido). 
Pero, junto con estos elementos útiles, cada cultura nos traspasa un acopio de 
ideas infundadas, algunas de las cuales siempre fueron absurdas, en tanto que 
otras tal vez tuvieron antaño un valor de supervivencia, aunque ahora, en las 
circunstancias cambiadas y cambiantes del discurrir de la historia, se tornan 
totalmente inservibles. Como los seres humanos reaccionan ante los símbolos en la 
misma forma rápida e inequívoca en que reaccionan ante los estímulos de la experiencia 
directa, y como la mayoría de ellos creen ingenuamente que las palabras aureoladas de 
cultura que se refieren a las cosas son tan reales, o más reales aún que sus percepciones 
de las cosas mismas, estas ideas anacrónicas o intrínsecamente absurdas producen un 
daño enorme. La humanidad ha sobrevivido, y en ciertos campos progresa, 
gracias a las ideas realistas transmitidas por la cultura. Pero gracias
a los disparates perniciosos que le inculcan a cada individuo 
en el curso de la aculturación, la humanidad, si bien 
sobrevive y progresa, también ha estado siempre 
en aprietos. La historia recoge el testimonio, 
entre otras cosas, de las artimañas 
fantásticas y generalmente 
abominables que la 
humanidad enloquecida
por la cultura monta 
contra sí misma.
Y el espantoso juego continúa.



Fragmento de un ensayo escrito por Aldous Huxley en 1963 y publicado por Edhasa en 1982. Traducción de Eduardo Goligorsky.